Asesoría Jurídica Integral |
¿Tus datos están actualizados?, Hazlo en Recursos Humanos e ISSEG.
Confundir el ámbito privado con el público, un error común.
Vuelven a la carga hoy, como en otras ocasiones, los detractores que no creen en la participación y el trabajo colectivo denodado, sino que creen en la complicidad, la conspiración y el golpeteo. Con publicaciones recientes se busca, de nuevo, confundir el ámbito privado con el público, además de pretender anularme a mí como persona, querer desconocer la institucionalidad del Comité, y asimismo, menospreciar o desconocer todo el trabajo que como colectivo sindicalista venimos realizando.

Mantengamos la dignidad y la altura de lo que como sindicato hacemos: no mezclemos el ámbito personal con el institucional. En caso de conflicto, una persona o entidad pueden recurrir a los órganos de procuración de justicia para intentar hacer valer su derecho. Con ello se da inicio a mecanismos institucionales que han sido creados para que se nos imparta justicia. Desde luego, que tengamos acceso a estos mecanismos no es sinónimo de que tengamos la razón. La ignorancia de este principio es lo que hace a algún columnista confundir el proceso con el resultado; la parte con el todo; la primera instancia con una sentencia firme.

Existen múltiples formas de organización y acción colectiva de la sociedad civil, pero esta es la nuestra y estoy comprometida a fortalecerla y a impulsar su crecimiento. Los sindicatos son comunidades en que elgremio trabajador se involucra en la solución de sus propios asuntos, empleando mecanismos de democracia directa y también representativa. Eso somos y nos llena de orgullo. ¿Por qué?

A dos años de haber iniciado nuestra gestión como dirigencia sindical, hemos abordado temas que antes se evitaban, resuelto asuntos que se eludían, luchado por principios que se menospreciaban. Las pensiones y jubilaciones y lo que como comunidad hagamos por esa prestación, definirán el futuro de cientos de colegas miembros; la Casa Club ASPAAUG, depredada por lustros, ha sido rescatada y se dignifica; implementamos mecanismos aquí inéditos de transparencia nunca antes considerados importantes.

Todo ello y mucho más, sin duda, trastoca intereses creados y hay individuos que por ello reaccionan con virulencia. Pero muy por encima está el colectivo, y como tal, mostramos que se puede hacer —con menos recursos— más de lo que anteriormente hacían. Eso los pone en evidencia y no nos lo pueden perdonar. Propongo seguir trabajando incluso estando bajo ataques misóginos que buscan, contra toda ética, mantener las cosas como antes, en el abandono. No somos eso, no somos irracionales. La razón dicta que vamos juntos, trabajando por el camino de la honestidad y de lo correcto.

Los ataques de dicho autor incrementan su virulencia, y al incrementarse se transforma, como el retrato de Dorian Grey, moralmente en una masa deforme como reflejo de su espíritu —perdonen la analogía, pero es desgastante enfrentarse una y otra vez a la necedad que me parece monstruosa.

Tres instancias tenemos las ciudadanas y ciudadanos para dirimir, en el marco de la ley, las controversias. La parte del proceso que sesgadamente el autor pregona como una victoria definitiva de la quejosa, en realidad representa apenas la primera instancia, como resultado de la cual yo puedo observar diferentes errores de procedimiento, por lo que es mi derecho constitucional defenderme y así lo haré.

Mostraré ante una segunda instancia local —pues la primera se ha agotado— las pruebas y argumentos de descargo correspondientes. En los escritos de marras no da muestras de saberlo el autor, pero nosotros ciertamente sabemos que técnicamente es como solicitar por derecho que ese resultado sea revisado por la autoridad correspondiente en una sala civil.

Así pues, se espera que un magistrado de segunda instancia decidirá si corrige la resolución de la primera instancia o la sostiene. En este último caso se recurriría a la tercera instancia. De modo que, a pesar del encarnizamiento de los ataques de que soy víctima, he de decir que, como mujer y ciudadana, tengo derechos que voy a ejercer, porque a cualquier persona se le puede demandar sin que por ese solo hecho se deba asumir su culpabilidad; porque no todo está dicho, aunque así quieran hacerlo parecer.

No dejo de trabajar por mandato del gremio que me eligió, al mismo tiempo que leo los embates del autor de aquellas líneas, que, por las razones que sean (sólo Freud sabrá), mezcla nociones e ignora datos al parecer por consigna. Tanta saña —y tanta voz que da a una sola versión de las cosas— nos hacen preguntarnos a qué agenda responde. Confieso que, en el fondo, me asusta que alguien pretendidamente anónimo actúe no con rigor y ética, estilo Carmen Aristegui u otras periodistas mexicanas notables, sino como juez y agitador machista, sentenciándome y pretendiendo azuzar a sus lectores en mi contra, incluso cuando desconoce el contenido y las formas de nuestro trabajo como comunidad sindical.

El juicio sigue y, mientras tanto, nosotros igualmente seguimos trabajando, decía yo, y la demanda a que alude con su pluma no tiene, por más que él lo desee, relación causal con la dirigencia de nuestra Asociación Sindical. Son, como si dijéramos, dos dimensiones distintas, pero eso constituye otra de las nociones que por alguna razón de bastante peso no discierne: ese caso se da entre dos particulares y no ha tenido ni tiene razón objetiva —aunque la mente podría hacer a alguien una mala jugada— para mezclarse con el ámbito institucional.

No está dicho todo, o, empleando el argot del medio, no hay aún “nada firme”, pero eso o le es confuso o conscientemente prefiere no verlo (¡qué le vamos a hacer!) y eso, definitivamente, escapa a nuestra posibilidad y deseo de ayudar al prójimo.

Ignora que no fue una Juez propietaria sino una suplente quien sentenció, y sería esa, acaso, una circunstancia a considerar, dado que no tendría el mismo grado de compenetración con el caso que la juez propietaria.

Veo en esos escritos un afán perverso por persuadir, al lector destinatario, de que yo debería renunciar a mi derecho a la defensa, y es por ese su afán de aniquilarme como ciudadana y como dirigente, que debo reiterarle aquí una cosa: el hecho de que una persona demande a otra no implica necesariamente que la primera tenga la razón. Lo que eso implica es que una y otra parte ejercen civilizadamente su derecho de que se dirima su diferendo en el marco legal e institucional.



“Por la Superación del Trabajador Universitario”
Comité Ejecutivo ASPAAUG 2015-2019
Guanajuato, Guanajuato, 24 de mayo de 2017
Aviso de Privacidad |
Directorio
Claudia Lizbeth Reyes Montúfar


Humberto Núñez Hernández


Miguel Ángel Ortiz Gil


Raúl Hernández Silva


Adriana de la Rosa Puente


Gerardo Ramírez Luna


Alfonso Ortiz Uribe


Juan José Vázquez


Rita Aída Gutiérrez Cárdenas
Secretaria General
clauryes73@gmail.com

Secretario del Trabajo
umbertonh@hotmail.com

Secretario de Organización
organizacion@aspaaug2015.com

Secretario de Finanzas
finanzas@aspaaug2015.com

Secretaria de Actas y Acuerdos
actas@aspaaug2015.com

Secretario de Superación Académica
gerardoramirezl@hotmail.com

Secretario de Cultura y Acción Social
cultura@aspaaug2015.com

Secretario de Activación Física y Prevención de la Salud
activacion@aspaaug2015.com

Secretaria de Prensa y Difusión
secretariaprensaaspaaug@gmail.com

©
Asociación Sindical
de Personal Académico y
Administrativo de la
Universidad de Guanajuato.
Mineral de Valenciana núm. 2, Marfil, Guanajuato, Gto.
Tel. 01 (473) 73 3 55 95,
73 3 55 96 y 73 2 48 36.